martes, 16 de septiembre de 2014

SEGUIR APRENDIENDO POR NOSOTROS MISMOS

-de la revista Crítica...

1.- En Historia del Arte aprendemos nombres y fechas, estilos y períodos, describirlos, analizarlos, clasificarlos y memorizarlos. Y ya está. Así paseamos, distraídos y cansinos por las galerías de los museos; no sabiendo mirar y admirar, no nos emocionamos ante lo que vemos, no disfrutamos ojos adentro con el alma maravillada y encantada. Qué pena.

2.- Escuchamos música, por nuestros oídos pasan las canciones de moda de cada momento. Y eso es todo. Sin que, al parecer, ritmos y melodías aporten armonía a nuestra personalidad, ni dosis de buen talante a nuestro ánimo, ni exquisitez a nuestra sensibilidad sintonizada con el gran concierto del mundo. ¡Qué extraño!.

3.- Estudiamos Historia de la Filosofía, que nos plantea las graves y fundamentales preguntas que el ser humano se hace sobre el sentido último de la vida sobre la condición humana, nuestros límites y posibilidades. Sin embargo, no nos damos por aludidos e involucrados en una problemática que se refiere a nosotros y que nos atañe. Increíble.

4.- Aprendimos cómo se hace un soneto, con sus rimas, sus estrofas y su estrambote, y hasta recitamos poesías famosas  aprendidas de memoria. Y basta. Mientras que, hasta la reciente invasión de Irak en las principales ciudades irakíes había mercadillos de poesía, a los que la gente acudía a intercambiar sus poemarios de encuadernación artesanal. Eso dice mucho y bien de un pueblo.

 5.- Aprendí Geografía: montañas y cordilleras, los ríos y sus afluentes, países lejanos en otros continentes, mares y océanos en los libros. Después descubrí por mí misma lugares de encanto y sosiego, apropiados a mí manera de ser, espacios y parajes privilegiados y significativos donde sentirme a gusto, sitios evocadores y sugerentes. ¡Qué bien!.

6.-Nos hicieron precavidos hasta la saciedad contra los peligros del mundo y de la carne, los puritanos nos metieron el miedo en el cuerpo y ensombrecieron las alegrías de los placeres naturales. Hemos tenido que aprender a disfrutar sin culpa del goce compartido, para afirmar nuestro legítimo derecho a conocer lo que somos. Lo harían con buena intención, al menos (porque si no...).

7.- Nos explicaron los siete sacramentos del catecismo, su razón de ser y su celebración. Pero no nos enseñaron a vivenciar y celebrar los sacramentos de la vida misma: el pan y el vino compartidos en buena compañía, la gratuidad de dar y recibir como experiencia de gracia... eso que dignifica nuestra vida de cada día.

8.- Nos escamotearon las delicias de "El cantar de los cantares". Anda, "ponme la mano izquierda bajo mi cabeza y abrázame con la derecha". Nos encubrieron la honrada franqueza del sabio en el "Eclesiastés": "Qué provecho saca el hombre de sus fatigas? La felicidad del hombre consiste en alegrarse y disfrutar de la vida; Ya que también es don de Dios la comida, la bebida y la satisfacción por su trabajo". Hemos tenido que aprender a leer la Biblia tal cual.

9.- Todos terareamos en algún momento los compases del Himno a la Alegría de Beethoven. Pero ¿qué hacemos para defender la alegría de la melancolía, de la rutina y del agobio?.

10.- Conclusión: lo más valioso lo hemos tenido que aprender por nosotros mismos, demasiadas veces a pesar de y en contra de los prejuicios, a contracorriente, desafiando el recelo y las cautelas con que siempre rodean al saber prohibido y alas experiencias bajo sospecha. Como quien asoma peligrosamente al abismo desde lo alto del acantilado, expuesto a perder pie y despeñarse en el vacio. Es el precio, no demasiado para la satisfacción personal que se consigue. No es poco.

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Sigamos aprendiendo, solos, por nosotros mismos... y con alegría.


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