viernes, 31 de octubre de 2014

primer día de noviembre: ÚLTIMAS VOLUNTADES

Recordando a José Luis Martín Descalzo.
***
" Yo,
minúsculo ser de plumas y de llanto,
a los sesenta años de mi edad, 
y en pleno uso de mis facultades mentales,
como suele decirse, 
ante Dios que invisible me escucha, 
ante la primavera que vendrá dentro de seis meses 
y no sé si la veré, 
(pero que está viniendo, sí, y cuyos pasos escucho), 
ante la luz que canta y afirma en mi ventana, 
ante todos los dolores que -incluidos los míos- incendian el planeta,

quiero confesar mi certeza de que he sido amado,
de que lo soy, 
de que todos los vacíos que tengo
acaban construyendo cada día un gozo diminuto y suficiente.

quiero confesar que he sido y soy feliz, 
aunque en la balanza de mi vida sean más los desencantos y fracasos,
porque, aunque todos se multiplicasen, aún no borrarían la huella de tus besos. 
¿De tus besos o de tus uñas, Halcón?. No lo sé.
Es lo mismo.

y en esta última (o penúltima) curva de mi vida dispongo testamentariamente de las muy pocas cosas que he tenido:  

-ante todo, devuelvo (como Jorge Manrique nos enseña)
el alma a Quien me la dió; 
usada está, incompleta; 
se me fueron quedando girones en las zarzas de la vida 
y aveces regalé sus mejores retazos a cambio de un beso o un elogio.
más nunca, Tú lo sabes, la di entera...
Tú la habías marcado con tu hierro como los lomos de un animal esclavo, 
y siempre sentí tu quemadura como un dolor bendito.
ahí la tienes de nuevo, 
sólo sirve porque aún le queda un poco del olor a tus manos.

-doy mi cuerpo a la tierra, que es su dueña; 
se lo doy con dolor y desgarrándome porque lo he amado mucho 
y porque me ha servido como un cachorro fiel.

-doy mis manos, estas que ahora escriben, 
estas que tantas veces fueron como un guante de mi alma,
estas que amasaron millones de palabras que iban luego rodando a otros corazones
y me hacían vivir a la vez en muchas almas (mi alma fue una de ellas).

-doy mis ojos también y cuanto almacenaron durante sesenta años: 
soles y nieves, melenas y sonrisas, llantos (vio el mío) y angustias, pájaros y nubes. 
fueron a veces pañuelos de otros ojos o bálsamo en la herida,
o mensajeros de mi soledad...

*dicen que, hasta cuando sonrío, brota de su último fondo un hilo de tristeza, pero dicen que se abrían fácilmente al amor y a la amistad. 
-no sé; que lo averigüen un día los gusanos-* 

-devuelvo mi corazón con todas sus heridas.
¡ah, si pudiera yo prestárselo a otro pecho para que, llagado y todo, siguiera caminando,
incluso con su par de muletas!....
¡ah corazón,dulce, querido, monótono corazón mío! 
no dejes que te curen si un día resucitas.
*tú eres así*
me gustas, incluso con tu cardiomegalia (la misma que un día hizo dormirse para siempre el de mi madre).


-y en este testamento he de dejar aún mi única riqueza: 
"mi esperanza".
tengo metros y metros para hacer con ella millones de banderas, 
ahora que tantos la buscan sin hallarla, cuando está delante de los ojos...
porque Tú, Halcón, bajaste de los cielos sólo para sembrarla.

**No , mundo, sábelo: no me resignaré jamás a tu amargura,
no dejaré que el llanto tenga sal, 
ni al dolor le dejen la última palabra;
no aceptaré que la muerte sea muerte o que un testamento sea un punto final**

Si me muero (que aún está por ver), envolvedme en su bandera verde 
y estad seguros de que mi corazón sigue latiendo, aunque esté más parado que una piedra,
estad seguros de que, aunque mi sangre esté ya fría,
yo seguiré amando.

Porque no sé otra cosa.

Sólo por eso: PORQUE NO SÉ HACER OTRA COSA. 

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Inolvidable José Luis.
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