viernes, 14 de diciembre de 2012

EL ARTE DEL CUENTO


-no podía dormirme,
-empecé a leer.
-no estaba segura de querer escribir.
-estaba nerviosa.

Y todo por la alegría que sentía al haber encontrado un cuento (¿?) de Azorín que venía "como anillo al dedo" al tema que estamos comentando (¿recuerdas? estudiamos la importancia de los cuentos en la adquisición y desarrollo del lenguaje en el niño).

El cuento de Azorín no está dirigido a  los niños; habla de los cuentos, sí, pero de la forma de escribirlos. Se dirige a los adultos, a los adultos que alguna vez sintieron la tentación de escribir un cuento.
Lo encuentro muy interesante y muy didáctico.¿Había sido Azorín, en algún momento de su vida, profesor?. No lo sé, pero lo averiguaré...

Sé que te gusta escribir, he leído alguna poesía tuya, Mercedes, así que a tí te dedico este capítulo.
Empezaré entresacando párrafos....y los comentaremos juntas.
Ahora me voy a dormir, no me atrae la idea de sentarme ante el ordenador....son las doce de la noche. Mañana será otro día.
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EL ARTE DEL CUENTO

"Para el Día de Reyes tuve que repentizar un cuento: escribí un comentario a la eterna flaqueza humana de no creer lo verdadero y de prestar asenso a lo falso. En Juana de Castilla, por ejemplo, tan profundamente simpática, es más creedera la loca de atar que la enamorada vehementísima que lleva su amor más allá de la muerte. Óscar Wilde solía contar el apólogo de un personaje que iba todos los días a la playa y narraba, al regreso, fabulosas historias de lo que había visto; un día vió, auténticamente una sirena; le preguntaron aquel día si había visto algo, y él contestó que nada.

Hace muchos años escribí yo un cuento de un poeta que vivía orillas del mar; era un hombre sencillo, dadivoso y conversable; pero lo tenían por un tantico decentado de juicio. Solía dar paseos en una barca por las riberas cercanas; atisbó una tarde una sirena, como el personaje de Wilde; pero no calló el feliz encuentro cual lo calló el tal personaje; dijo a todo el mundo lo que había visto. Y como lo tenían por un poquito lunático, nadie lo creyó; se regocijaba el poeta de la incredulidad general; así guardaría para él solo la imagen de la hermosa sirena; de otro modo semejaría  que, al creerle sus convecinos, se la apropiarían. Dejó el poeta la aldea marítima y vino a Madrid; frecuentaba un café solitario, como el antiguo de San Sebastián, por el lado de la plazuela del Ángel, café ya desaparecido. En un rincón, sentado silencioso como él, vió un caballero, y con él trabó amistad; resultó ser un antiguo marino de sabotaje. Hablaban los dos amigos de las cosas del mar; llegaron a tener una amistad íntima. Ocurrió que cierto día, después de mucho tiempo de relaciones cordiales, el viejo marino contó que él había visto, precisamente por los lugares en que el poeta deportaba con su barca, un prodigio: una sirena en suma. El poeta le escuchó conmovido; pero al día siguiente ya no volvió al viejo café; no puso ya en él los pies jamás.
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El cuento es a la prosa lo que el soneto al verso; llevo escritos más de cuatrocientos cuentos; el hábito facilita la gestación: por el hábito se explica, en parte, la fertilidad de un Lope de Vega o de un Jacinto Benavente: los dos más grandes dramaturgos que ha tenido España, como he dicho en otra ocasión. El cuento es cosa difícil; necesita tres  períodos: prólogo, desenvolvimiento y epílogo. No se puede llevar al lector trecho para enfrentarle luego a una vulgaridad. Desde el primer instante, análogamente de lo que sucede en el teatro, el lector ha de "entrar" en el cuento. Después de escribir tantos cuentos, he llegado a la conclusión de que el verdadero cuento, el más artístico, es el que el cuentista forja con una minucia; el cuento con argumento de cierta truculencia está al alcance de todos. Naturalmente que la minucia debe de ser cosa delicada....

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Pensando, como distracción, en mi cuento del Día de Reyes, imaginé otros cuentos sobre el mismo tema.
A propósito de Melchor, por ejemplo: Melchor era un buen Rey; ponía escrupulosidad en todas sus acciones; no había nadie en su reino más derecho que él; cuando fue a Belén llevó oro, incienso y mirra. Ofrendó  el oro al Niño; pero en su espíritu quedó un escrúpulo; creía él que no había ofrendado todo el oro que el Niño se merecía; este  escrúpulo fue creciendo en sus cavilaciones; en vano la Reina y los continuos le decían que la ofrenda era puramente simbólica; con unas monedas de oro bastaba para dar a entender el vasallaje que el  Monarca  terreno prestaba al Rey divino que acababa de nacer. Como sucede a todos los ensimismados, Melchor no se conformaba; en su mente iba acentuándose la gravedad de su sordidez... Y el cuentista iba llevando esta obsesión del Rey, simpatica obsesión, hasta un final feliz; lo interesante del cuento era el estudio de la obsesión....
Pasemos al Rey Baltasar: si Melchor era un hombre conversable y bondadoso, Baltasar era irritable en extremo; a todo decía "no"; lo decía antes de que se le formulara la petición; continuamente había petreras en Palacio a causa de su genio agresivo; nadie podía estar seguro de que Baltasar no tendría para él unas palabras ásperas; claro que nunca la ofensión pasaba de las palabras a las obras, pero de todos modos el trato del Rey era incomodísimo. Y sucedió que al volver de Belén , como le suplicaran a Baltasar algo muy árduo de conceder, el Rey escuchó en silencio, sin impaciencia lo que se le pedía, y al punto lo concedió. Quedaron todos admirados . Y se admiraron mucho más cuando fueron viendo que lo que antes era acerbo ahora era dulce; el carácter del Rey había cambiado; la visita al Niño había operado el prodigio. El cuentista examinando , sin incoherencias, el cambio de caracter del Monarca.
Toca el turno a Gaspar; era Gaspar un aficionado a la poesía; no es raro que los Reyes lo sean; en España Juan II corrigió los versos de Juan de Mena....Gaspar amaba la poesía ; pero desgraciadamente. las musas no le acompañan. En vano metrifica día y noche; nada sale de su pobre numen que sea digno de la fama. Los cortesanos elogian sus poesías; pero el Rey no se deja engañar; sabe que sus versos son fríos, y con ello sufre interiormente.... A su retorno de Belén, cuando emprendió el camino de su reino, un mal paso del caballo hizo que el Monarca cayera; no fue más que una contusión lo que se produjo; la cabeza fue la lastimada; pero a partir de esa caída, la ideación del Rey cambió; diríase que en una lámpara exhausta habían puesto cantidad de aceite. El Rey comenzó a escribir versos tan finos, delicados y sentidos, que admiraron a los más descontentadizos.

 Y el cuentista , autorizado por algún caso análogo que la literatura moderna de Europa registra, se complace en ofrecer el contraste entre el apocado estro anterior del Rey y el caudaloso del presente; el cuento termina con una enseñanza, sin pedantería, de psicología estética.
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Ahora el cuento de los tres Reyes conjuntos:
-Los tres Reyes han cumplido su misión en Belén; han emprendido el regreso; al llegar a un trivio han de separarse y echar cada cual por un camino. En el trivio ven, sentado en una piedra, un pobre muy pobre; este pobre es acaso el más pobre del planeta; en su persona se concentran todas las miserias; andrajoso, lacerado, maltrecho, aovillado por el dolor, este hombre, sentado en la piedra del trivio famoso, representa la suprema desnudez humana. Al verlo Melchor, de un brinco, descabalga y corre a abrazarlo; Gaspar echa también pie a tierra y estrecha en sus brazos al lacerado; Baltasar, con no menor presteza, tiende sus brazos hacia el pobre, lo atrae hacia sí y lo aprieta contra su pecho. Y el cuentista dice que estos tres abrazos de grandes Monarcas a un indigente son la primera manifestación de la maravillosa confraternidad cristiana que con el nacimiento del Niño se inicia en el mundo. No importará ni las turbulencias ni las guerras: siempre habrá en el fondo del corazón humano ese sentimiento de amor, amortiguado a veces, pero que no puede morir. Y esos abrazos representan también -hecho de una enorme transcendencia- el ennoblecimiento de la santa pobreza."

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Mercedes, pensé en copiar sólo algunos párrafos de este cuento; pero a medida que escribía me iba enganchando y no supe donde cortar.
 Sé que tú me entiendes.
 Gracias por tu hermosa vida de entrega a los demás, a los niños sobre todo.... 

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