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SEGUIMOS...(continúación del capítulo anterior)

Volví del pequeño viaje que todos los años hacemos mi hija, mi nieta y yo (sólo mujeres) y también te prometí que copiaría el relato que publicó Alejandro Pedregosa en LAS PROVINCIAS, el domingo 21 de julio.
Creo que no debería copiarlo (por si doy alguna idea), pero te lo prometí y "lo prometido es deuda".
Me gustó cuando lo leí y eso está mal, lo comprenderás cuando lo leas, pienso que me estoy volviendo "mala".
*
Bueno, ahí va:

UNA MUERTE PREFERENTE de A. P.

-Soy un hombre bastante desconfiado, así que cuando escuché en la radio que la Caja Provincial se hundía y que el Gobierno iba a intervenirla, me dije "Rogelio, ya estás tardando en ir a sacar las cuatro perras que te quedan".
Y fui, y una rubia muy pizpireta me dijo que nanai de la china, que el dinero  de allí no se movía, que yo había firmado no sé qué papeles donde lo ponía bien claro: "mis ahorros seguían siendo míos, pero no podía tocarlos hasta después de mi muerte".
Yo pensé que la rubia estaba de broma, y le expliqué que, una vez muerto, los dineros ya no me servían de nada, pero la rubia no se rió, y me dijo que la cosa era seria; luego me enseñó un papel con mi firma: "Ve usted, éste es el contrato donde se explican las condiciones".
Entonces le pedí que me dejara hablar co Pedro, el director de la oficina. A Pedro lo conocía desde que abrí la cuenta en la Caja. Él estaba entonces en la ventanilla y con el paso de los años acabó de director. Pero la rubia me dijo que Pedro ya no trabajaba allí, que lo habían despedido.
Comprendí entonces mi delicada situación, pero en lugar de estrujarle el pescuezo a la rubia (que era lo que me pedía el cuerpo) decidí marcharme, coger el coche y dar una vuelta por ahí... para meditar.
Me gusta conducir.. Me relaja. Las mejores ideas de mi vida me llegaron con un volante en las manos: "comprar la vaquería, pelearme con mi hermano, abandonar a mi mujer...". A mis ochenta años sigo siendo un buen conductor, aunque mis actuales circunstancias (me encuentro retenido en una comisaría) den noticia de lo contrario.
Regresé a la Caja una semana después, lo hice sin ánimo de trifulca, quería sencillamente ofrecerles una segunda oportunidad, una rectificación. Pero la señorita rubia no se movió un milímetro de su argumento: "¿Quiere que le enseñe de nuevo el contrato que usted mismo firmó?". No, no hacía falta. Si no lo entendí al firmarlo tampoco iba a entenderlo ahora. Una vez más abandoné meditabundo la oficina, subí al coche y conduje en busca de una solución.
La solución se llamaba Ramón Ledesma y asociados, un prestigioso bufete que me aconsejaron en la capital. Le exigí al picapleitos que me expusiera con la mayor frialdad los detalles del asunto. Sin aceites ni vaselinas. Pronto la cosa estuvo clara : "nunca recuperaría mi dinero, y, en el mejor de los casos, sólo después de una batalla judicial que podía durar años me devolverían parte de lo robado". Créanme, a los ochenta años uno no tiene el cuerpo para pleitos. Quise  saber "aunque sólo sea por curiosidad" quién o quienes eran los verdaderos artífices de aquella estafa . Después de trastear un rato en el ordenador el hombre e mostró en la pantalla las fotos de al menos quince personas. "Estos eran los principales directivos de la Caja".
-¿Eran?, pregunté.
El hombre me explicó que ya no ejercían, que abandonaron sus puestos cuando la Caja se fue a pique, pero que antes de marcharse se aseguraron unas jubilaciones de varios millones de euros.
-Quince personas son muchas-le dije-, yo necesito un único culpable.
Le costó trabajo pero a la postre se decidió por el presidente de la Caja. Me contó que se trataba de un cargo más bien político, pero que puestos a buscar un único responsable, sin duda, él era el principal.
Le pagué la consulta y me fui con el nombre  del expresidente y su fotografía impresos en un papel.
El resto...en fin, ya lo leerán ustedes mañana en los peródicos. Una desgracia, un golpe de mala suerte, un anciano decrépito y senil que se salta un semáforo y atropella a un transeúnte.
Probablemente dirán que el anciano sufrió un vahido y perdió el control del vehículo (eso, al menos, es lo que yo he contado a la policía).
¿El muerto?. Bueno, un señor que hacía footing por los alrededores de su maravillosa mansión.-
*******
Sin comentarios.  


Comentarios

Numuka ha dicho que…
Me gusta leerte, me relaja y ya que hablamos poco......

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